Ainara y José se conocieron una noche de Enero en Madrid, él volvía de Burgos, donde trabajaba, y ella estudiaba un curso de Marketing.

Al año sabían que estaban hechos el uno para el otro y José pidió un traslado en el trabajo para estar al lado de Ainara en Valencia.

Unos meses después José la sorprendio con un maravilloso anillo de Tous y la decisión de donde se harían las celebraciones estuvo claro desde el principio.

José quería casarse en Capitania, y para Ainara no había duda que su celebración se haría en Myrtus.

Ainara, lo primero que compró fue unos manolos con plumas en color café con leche, y el velo según ella nos relata, fue un auténtico flechazo, pasando por el escaparte de Villadriana, un anticuario del centro de Valencia, fue verlo y pensó: “es éste!”

El vestido se lo encargo a una amigo de la familia, Francis Montesinos, que le hizo una obra de arte, sencillo y sofisticado.

Las joyas que lucio, la mayoría prestadas por su madre.

Y el toque final se lo puso otro gran amigo Carmelo Abad, quien la pintó y peinó. El resultado fue espectacular.

José en cambio se dejó asesorar por Daniel de Alfredo Esteve, e iba con un clásico y elegante traje oscuro de Gucci.

Las pequeñas protagonistas, iban guapísimas con unos vestidos muy favorecedores de la casita de Penélope y tocado de Decap.

La organización y decoración fue obra de los Wedding planners Wendy y José, de Bodas de Cuento. A los novios les apetecía mucho que la temática fuera las casitas de playa a rayas, y sin lugar a dudas supieron captar la esencia a la perfección.

La sorpresa de los invitados comenzó ya desde el recibimiento de la invitación de la boda, que venía en una caja blanca y un lazo a rayas.

La maravillosa decoración floral fue obra de Javier, de Flores Feliu, que realizó un alucinante bodegón, en el centro de la sala.

Peonías coral-sunset, jatrofa, estrellas de mar en rojo y azul, junto con unos meseros de casitas de madera de rayas, hechos para la ocasión, decoraban las mesas de los invitados.

La dulce candy bar, la mesa de los aperitivos, y el photobooth mantuvieron la temática marinera. ¡Hasta los amenities de los baños!

En esta boda todos los que participaban de alguna manera en la celebración, lo hacían de una manera más especial, ya que son amigos de la familia, como es el caso de la Pastelería Llopis, que les hizo una maravillosa Tarata de chocolate y avellana, cada porción llevaba los nombres de los novios.

Según Ainara, fue una “boda de cuento”, pero de cuento moderno.

Gracias Ainara y José, fue un placer poder ser testigos de vuestro compromiso, os deseamos toda la felicidad del mundo.